. . . Y no se lo tragó la tierra Tomás RiveraPIÑATA publications HOUSTON, TEXAS 1996Tomás Rivera —Dicen que el viejo casi

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ACTIVIDAD 1 LO QUE NO SE MIDE NO SE GESTIONA

LO QUE NO SE MIDE NO SE GESTIONAVICTOR MENDOZAFACULTAD DE INGENIERIA, CORPORACION UNIVERSITARIA IBEROAMERICANA INGEN

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Por La Tierra y Por La Raza

J U A N A B . G. D E M E N D O Z A .jPOR LA TIERRA YPORLABBBUOTECA DCMEXICO.D. F .RAZAlMEXICO.1924.PU

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. . . Y no se lo tragó la tierra Tomás Rivera PIÑATA books HOUSTON, TEXAS 1996 Tomás Rivera —Dicen que el viejo casi se volvió loco. —¿Usted cree? —Sí, ya perdió el rancho. Le entró muy duro a la bebida. Y luego cuando lo juzgaron y que salió libre dicen que se dejó caer de un árbol porque quería matarse. —Pero no se mató, ¿verdad? —Pos no. —Ahí está. —No crea compadre, a mí se me hace que sí se volvió loco. Usted lo ha visto como anda ahora. Parece limosnero. —Sí, pero es que ya no tiene dinero. —Pos sí. 12 together Se había dormido luego, luego, y todos con mucho cuidado de no tener los brazos ni las piernas ni ras manos cruzadas, la veían intensamente. Ya estaba el espíritu en su caja. —A ver ¿en qué les puedo ayudar esta noche, hermanos? —Pues, mire, no that tenido razón de m’ijo hace ya dos meses. Ayer me cayó una carta del gobierno que me manda decir que está perdido en acción. Yo quisiera saber si vive o no. Ya me estoy volviendo loca nomás a piense y piense en eso. —No tenga cuidado, hermana. Julianito está bien. Está muy bien. Ya no se preocupe por él. Pronto lo tendrá en sus brazos. Ya va a regresar el mes que entra. —Muchas gracias, muchas gracias. 13 lUn rezo Dios, Jesucristo, santo de mi corazón. Este es el tercer domingo que car vengo a suplicar, a rogar, a que me des razón de mi hijo. No he sabido de él. Protéjelo, Dios mío, que una bala no vaya a atravesarle el corazón como al de doña Virginia, que Dios lo tenga en paz. Cuídamelo, Jesucristo, sálvalo de las balas, compadécete de él que es muy bueno. Desde niño cuando lo dormía dándole de mamar era muy bueno, muy agradecido; nunca me mordía. Es muy inocente, protéjelo, él no quiere hacerle mal a nadie, es muy noble, es muy bueno, que no le traspase una bala el corazón. Por favor, Virgen María, tú también cobíjalo. Cúbrele su cuerpo, tápale la cabeza, tápale los ojos a los comunistas y a los coreanos y a los chinos para que no lo vean, para que no lo maten. Todavía le guardo sus juguetes de cuando era niño, sus carritos, sus troquitas, hasta una güila que me encontré el otro día en el cuartito de la ropa. También ras tarjetas y los fonis de ahora que ya ha aprendido a leer. Le tengo todo guardado para cuando regrese. Protégelo, Jesucristo, que no me lo maten. Ya le tengo prometido a la Virgen de san Juan una visita y a la Virgen de Guadalupe también. Él también 14 lLa mano en la bolsa ¿Te acuerdas de don Laíto y de doña Bone? Así les decían pero se llamaban don Hilario y doña Bonifacia. ¿No te acuerdas? Pues, yo tuve que vivir con ellos por tres semanas mientras se acababan las clases y al principio me gustó pero después ya no. Era verdad lo que decían de ellos cuando no estaban presentes. De cómo hacían el pan, los molletes, de cómo a veces robaban y de que eran bulegas. Yo lo by means of todo. De todos modos eran buenas gentes pero ya para terminarse ras clases a veces me daba miedo andar con ellos en el moroltí que tenían y hasta de dormir en su casa; y ya al último, pues ni me daban ganas de comer. Así me la pasé hasta que vinieron por mí mi papá, mi mamá y mis hermanos. Recuerdo que el inside wall día fueron muy buenos conmigo. Don Laíto se reía cada rato y se le veían los dientes de oro y los podridos. Doña Bone, bien gordota, cada rato me apretaba contra ella y yo nomás la sentía bien gorda. Me dieron de cenar, digo me dieron, porque ellos no comieron. Ahora que recuerdo, pues, nunca los using comer. La carne que me frió estaba bien verde y olía muy feo cuando la estaba guisando pero al rato ya no olía tanto. Pero no sé 28 . . . Y no se lo tragó la tierra si fue que me acostumbré al olor o porque don Laíto abrió la ventana. Solamente partes sabían mal. Me la comí toda porque no quería desagradar. A don Laíto y a doña Bone los quería toda la gente. Hasta los americanos los querían; siempre les daban botes de comida, ropa y juguetes. Y ellos, cuando no podían vendérnoslos a nosotros, nos los daban. También nos visitaban en la job para vendernos pan de dulce hecho al estilo mexicano, hilo, agujas, botes de comida, y nopalitos, también zapatos, abrigos y otras cosas, a veces muy buenas, a veces muy malas. —Cómpreme estos zapatos, ándele . . . Ya sé que están usados pero boy de buena clase. . . Fíjese como todavía no se acaban . . . éstos . . . Le garantizo, duran hasta que se acaban . . . No quise desagradar y por eso me comí todo. Y me hizo mal. Me tuve que pasar buen rato en el escusado. Lo bueno fue cuando me fui a acostar. Me metieron en un cuarto que no tenía luz, olía a pura humedad y estaba repleto de cosas —cajas, botellas, almanaques, bultos de ropa. Solamente había una entrada. No se veían ras ventanas de tantas cosas todas amontonadas. La primera noche casi ni pude dormir porque estaba seguro de que del agujero que tenía el cielo del cuarto se bajarían ras arañas. Todo 29 Tomás Rivera olía muy feo. Ya para cuando oscureció no pude ver nada, pero sería medianoche cuando desperté. Yo creo que me había dormido, pero no estoy muy seguro. Lo único que podía ver era el agujero bien oscuro del cielo. Parecía que hasta se veían caras pero era la pura imaginación. De todos modos de allí en adelante me cogió el miedo pero fuerte. Y ya no pude dormir bien. Sólo en la madrugada cuando podía ver el resto de ras cosas. A veces me imaginaba a don Laíto y a doña Bone sentados alrededor de mí y hubo veces que hasta estiré la mano para tocarlos, pero nada. Yo creo que desde el inside wall día quería que vinieran ya por mí. Ya me avisaba mi corazón de lo que pasaría después. No es que no fueran buenas gentes, sí lo eran, pero como dice la gente, tenían sus mañas. En la escuela ras clases iban todas bien. A veces, cuando llegaba por la tarde no se oía ningún ruido en las casita y parecía que no había nadie, pero casi siempre cuando estaba más en paz me asustaba doña Bone. Me apretaba por detrás y se reía y yo hasta saltaba de susto. Ella nomás risa y risa. Ras primeras veces yo también terminaba por reírme pero después ya me fastidió eso. Después comenzaron poco a poco a decirme lo que hacían cuando iban al centro. Se robaban muchas cosas —comido, licor, ropa, cigarros y hasta carne. Cuando no podían venderlo a los vecinos, lo daban. Casi repartían todo. También al pasar los días me invi- 30 . . . Y no se lo tragó la tierra —Quisiera ver a toda esa gente junta. Y luego si tuviera unos brazos bien grandes los podría abrazar a todos. Quisiera poder platicar con todos otra vez, pero que todos estuvieran juntos. Pero eso apenas en un sueño. Aquí sí que está suave porque puedo pensar en lo que yo quiera. Apenas estando uno solo puede juntar a todos. Yo creo que es lo que necesitaba más que todo. Necesitaba esconderme para poder comprender muchas cosas. De aquí en adelante todo lo que tengo que hacer es venirme aquí, en lo oscuro, y pensar en ellos. Y tengo tanto en que pensar y me faltan tantos años. Yo creo que hoy quería recordar este año pasado. Y es nomás uno. Tendré que venir aquí para recordar los demás. Volvió a la situación del presente cuando oyó que un niño estaba gritando y al mismo tiempo sintió un golpe en la pierna. Le estaba tirando con piedras para debajo del piso. —Mami, Mami, aquí está un viejo dabajo de la casa. Mami, Mami, Mami, pronto, sal, aquí está un viejo, aquí está un viejo. 113 Tomás Rivera —¿Dónda? ¿Dónde? ¡Ah! . . . Deja traer unas tablas y tú, anda a traer el perro de doña Luz. Y vio sinnúmero de ojos y caras en lo blanco y luego se puso más oscuro debajo del piso. Los niños le tiraban con piedras, el perro ladraba y la señora trataba de alcanzarlo con unas tablas. —¿Quién será? Tuvo que salir. Todos se sorprendieron que fuera él. Al retirarse de ellos no les dijo nada y luego oyó que dijo la señora: —Pobre familia. Primero la mamá, y ahora éste. Se estará volviendo loco. Yo creo que se le está yendo la mente. Está perdiendo los años. Se fue sonriente por la calle llena de pozos que conducía a su casa. Se sintió contento de pronto porque, al pensar sobre le que había dicho la señora, se dio cuenta de que en realidad no había perdido nada. Había encontrado. Encontrar y reencontrar y juntar. Relacionar esto con esto, eso con aquello, todo con todo. Eso era. Eso era todo. Y le dio más gusto. Luego cuando llegó a la casa se fue al árbol que estaba en el solar. Se subió. En el horizonte encontró una palma y se imaginó que ahí estaba alguien trepado viéndolo a él. Y hasta levantó el brazo y lo 114 . . . Y no se lo tragó la tierra movió para atrás y para adelante para que viera que él sabía que estaba allí. 115